La curva

Bienvenidos queridos lectores de las sombras. Está semana os dejo un relato cortito antes de irme de vacaciones. Trijueque y los misterios de Guadalajara me esperan.

La noche cerrada se cierne sobre la sinuosa carretera. La luna dibuja entre las oscuras nubes apenas una leve sonrisa. Una ligera llovizna humedece el asfalto y lo hace brillar bajo la azulada luz de los faros del automóvil. Simón, un empresario viudo de cuarenta y seis años, vuelve de un viaje de trabajo. Está muy satisfecho con el trato conseguido con la nueva fabrica de colchones. Sonríe al pensar en la cantidad de coberturas absurdas que les ha metido a los gerentes.

Estira la espalda todo lo que el asiento le permite y se frota los ojos con los dedos pulgar e índice. Que bien me vendría uno de esos colchones ahora, piensa. Lleva muchas horas conduciendo y, a pesar de estar acostumbrado tras veinticinco años vendiendo seguros, el sueño comienza a hacer mella en él. Al ver que la lluvia cae con más fuerza, baja la ventanilla y saca la mano para que las gotas se la mojen. Después se pasa la palma empapada por la cara para espabilarse un poco.

El coche circula dejando atrás los pinos del bosque a gran velocidad. Simón mira el reloj del salpicadero, que marca las tres en punto de la madrugada. Aprieta más fuerte el acelerador, aún le quedan muchos kilómetros para llegar a casa y quiere llegar cuanto antes para descansar.

Unos minutos más tarde, cuando circula por una larga carretera secundaria, se cruza con una señal de peligro por la proximidad de una curva cerrada, pero Simón no frena, confía mucho en sus dotes de conductor tras tantos años al volante. Algo llama su atención cuando le quedan unos trescientos metros para llegar  a a la susodicha curva. A través de la lluvia le parece ver una figura extraña a un lado de la carretera. A medida que se acerca le parece distinguir a una mujer.

—No puede ser, una mujer aquí, en medio del bosque y en plena noche—dice expectante, entrecerrando los ojos para intentar verla mejor.

Una mueca de espanto se dibuja en su rostro al llegar a la curva. No da crédito a lo que ven sus ojos. Efectivamente la figura es de una mujer. Su mujer. Su difunta mujer. Muerta un año atrás, según dijo la policía cuando el volvió de uno de sus viajes, al caer por la ventana en un lamentable accidente doméstico.

Simón no puede quitar la vista de ella, quiere frenar pero se siente incapaz de hacer ningún movimiento. Está paralizado por la impresión y el miedo. Amanda, que así se llamaba, levanta los brazos y le hace una seña, subiendo y bajando las palmas de las manos.

Simón cree entender el gesto y consigue reaccionar. Reduce la velocidad a casi la mitad sin dejar de mirarla. Entonces, Amanda le señala con la mano en dirección a la curva. Simón mira hacia donde le indica la mujer y ve horrorizado que a escasos quince metros, en medio de la curva, se encuentra un camión volcado con la cabina destrozada teñida de rojo.

Presa del pánico hinca los pies en el freno con todas sus fuerzas lanzando un grito desgarrador. A pesar de haber aminorado, la velocidad sigue siendo tan elevada que choca violentamente contra el camión. El Ford del agente de seguros queda clavado en el costado derecho del camión y él, que nunca suele llevar cinturón, atraviesa la luna delantera y se golpea contra los árboles cercanos.

El impacto es desgarrador, Simón queda tirado en el suelo boca abajo, con el pecho y la cabeza destrozados, pero consciente. Intenta pedir ayuda, pero de su boca no salen más que leves susurros mezclados con gorgoteos. Siente dolor en todas y cada una de las partes de su cuerpo, no para de sangrar y está completamente mojado. Nota como el agua enfría el cálido liquido que brota de su cuerpo a una velocidad alarmante. 

Con mucha dificultad alza la cabeza del suelo, le cuesta mantenerla erguida, y ve como unos pies descalzos se acercan a él. Simón levanta un poco la mirada confuso, no oye ningún sonido de esos pasos que rompen ramitas y hojas mojadas. Contempla una silueta que conoce muy bien bajo un camisón blanco completamente seco que parece resplandecer con la escasa luz de la luna.

—A…Amanda, amor mío —dice apenas sin voz.

La mujer se pone de cuclillas frente a él y le sujeta la cara cariñosamente con las dos manos.

—Hola amor —dice ella con inmensa dulzura.

—No… no me dio…ti…tiempo. Vi tar…tarde tu avisss…aviso. —La voz apenas le sale en un hilo. Siente como la vida se le escapa con cada aliento. Las lágrimas recorren sus ensangrentadas mejillas.

—¿Recuerdas cómo me golpeabas, Simón? —dice sin variar la ternura de su voz—. ¿Recuerdas cómo tenía que estar en cama por las palizas que me dabas, cariño?

Él se calla, aterrado. No puede ni hablar de lo débil y asustado que está. La boca le tiembla y le es imposible retener las babas dentro.

—Sabes muy bien que no me caí por la ventana, ¿verdad? —continua ella—. Me tiré porqué no podía aguantar más. Porque tenía miedo de cuando llegarás a casa y me dieras tu próxima lección, como te gustaba llamarlo.

—Y…yo no…

Ella le tapa la boca con el dedo índice, chistando con la boca cariñosamente  para que calle. Después se acerca a besarle en la frente.

—Tranquilo. Además, ¿Sabes una cosa? No te estaba avisando, querido mío. Te estaba distrayendo para que no vieras el camión. —Amanda acerca su boca a la oreja del su moribundo verdugo—. Ahora, púdrete en el puto infierno —susurra con su voz más tierna mientras la muerte se lo lleva.

Espero haya sido de vuestro agrado. Volveré en dos semanas, espero que inspirado por las historias de las tierras de Guadalajara. Los que viajéis tener cuidado con las curvas.

Para terminar, está semana mi recomendación es de Artguim de Sttorybox, y no es nada menos que su relato Seis balas. Una historia trepidante y muy eficaz que hará vuestras delicias. Espero que os agrade.

Recomendar este blog si es de vuestro agrado, dejar vuestros comentarios y suscribiros para no perderos otras historias delirantes.

Hasta la próxima!

Anuncios

3 thoughts on “La curva

  1. Aún diría más: ¡Merecidísimo!
    Un tema de rabiosa (por desgracia) actualidad, en el que la fantasía, la ficción, nos permite alcanzar un final satisfactorio trastocando las reglas de la realidad. Que, además, está escrito con pulcritud y con esa vuelta de tuerca que te quiebra. Un giro al cuento de la muchacha de la curva que destila justa furia fantasmal.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s