El voluntario (2a Parte)

Buenas noches valientes y decididos lectores.

Esta semana quiero comenzar la entrada llorando la pérdida del maestro George A. Romero que con 77 años nos ha dejado hace unos días a causa de la lacra y uno de los verdaderos terrores que vivimos en el mundo: el cáncer.

George fue director, escritor y actor de cine. Fue el propulsor del arquetipo de zombi actual con su gran y afamada película de culto La noche de los muertos vivientes. Además de otras muchas películas del género, debo destacar, por su influencia en mi infancia, su dirección de Creepshowprimera y segunda parte, escritas por Stephen King.
Ha sido una triste coincidencia que haya fallecido justo la semana en la que colgué la primera parte de esta historia de zombis. En esta nueva entrega veréis que uno de los personajes se llama como él. No lo he modificado por lo sucedido, se llamaba así desde que comencé a escribirla hace tiempo.
Sin más, con el recuerdo del maestro que nos deja al resto a la altura del betún, os invito a la segunda parte de El Voluntario.

voluntario2

Marola sabía que los seres más rezagados en la persecución de Joan se habían percatado de su presencia y que, por descontado, ahora ella era su objetivo. No se giró para comprobarlo. Aunque eran lentos, sabía que si se confiaba la alcanzarían.

Tras lo que le parecieron horas corriendo, sintió que sus músculos le daban tales pinchazos que la hacían tambalearse. Temía caerse y lastimar a la niña o ser atrapadas y devoradas, pero estaban a punto de llegar, no podía parar o no podría volver a arrancar. Entonces vio algo que le heló la sangre. Lanzó un desesperado gemido y se quedó paralizada por el terror.

Las verjas de la base militar estaban infestadas de eses repulsivos seres, había cientos. Marola no podía evitar temblar de miedo, le casteñeteaban los dientes. No sabía que hacer, miró hacia atrás para ver si podía volver por el mismo camino, pero decenas de monstruos llegaban para cazarlas. Respiró profundamente, intentó calmarse y estudiar rápidamente sus alternativas.

En la valla, a unos veinticinco  metros delante de ella, vio una zona vacía. Se armó de valor y corrió hacia ella con las pocas fuerzas que le quedaban. Pensó que los militares tendrían vigías que las verían y las salvarían. Pero cuando llegó y comenzó a aporrear la valla y a chillar pidiendo auxilio, sólo atrajo a los seres que se revolvieron con violencia para ir a por ellas. La base estaba desierta.

En cuestión de segundos se encontraron acorraladas. La niña perdió la consciencia tras lanzar un desgarrador chillido impregnado de miedo. Marola la dejó en el suelo tras de sí, apoyada en la valla, y golpeo con el hierro la cara del primero que se acercó. La barra se hundió en la carne putrefacta lanzando trozos de carne y chorros de sangre, pero no tuvo la fuerza suficiente para tumbarlo. Reprimió una arcada. El ser, con sus ojos inyectados en sangre, comenzó a coger sus ropas y a estirarla hacía él. Un fortísimo ruido estalló retumbando por todo el complejo militar.

La cabeza del ser se redujo a una amasijo de carne, sangre y materia gris. Marola, que no logró ver la procedencia de la detonación, se limpio con las manos la desagradable sustancia que cubría su cara. Tres tiros más hicieron lo propio con otros tres seres que se aproximaban a ella.

De pronto vio como del mismo camino por el que había llegado ella aparecia un Jeep. En su interior había tres soldados que no paraban de disparar contra la asquerosa procesión putrefacta mientras pasaban con sus ruedas por encima de sus masacrados cuerpos. Al llegar junto a las chicas frenaron y las ayudaron a subir.

—¿Se puede saber qué cojones hacen aquí? —preguntó el soldado mientras entraban en la base.

—Estamos perdidas. Nos perseguían —respondió Marola en un perfecto inglés—. Pensé que la base sería segura.

—Pues han tenido mucha suerte de que viniéramos a recoger medicinas —dijo mientras paraban—. No habrían sobrevivido. La base es el foco de todo esto.

—Entonces… —comenzó ella.

—¡Shhh! —la calló el soldado— dentro está plagado de seres.

Dos de los hombres bajaron armados y abrieron una robusta puerta de metal que daba paso a las instalaciones. Cuando el Jeep la sobrepasó volvieron a cerrarla. Entraron en completo silencio. En su camino al almacén solo tuvieron que eliminar a dos de los seres, sin complicaciones.

—¿Esto es cosa del ejercito? —preguntó Marola cuando ya estuvieron en una zona que parecía más segura.

—No, que va. Esta Base tenía objetivos médicos —dijo mientras cogía unas cajas—. Aquí estudiaban curas para la Lepra y otras enfermedades.

—Eso lo sé perfectamente, soy médico cooperador de la OMS —dijo ella ayudando al hombre a cargar—. Pero, ¿Qué pasó?

—Un megalomano investigador. —El soldado para de cargar y mira a la chica—,un tal Doctor Romero, quiso crear un arma biológica letal. Inventó un agente que contamina a su huésped con una mezcla muy contagiosa de lepra, rabia y porfiria.

—¿Y eso puede crear estos malditos seres? —preguntó atónita—. ¿Cómo?

—Por lo que me han informado, la porfiria causa una falta de hemoglobina en el portador que le da una sed insaciable de sangre. Después, la rabia le produce una agresividad tan brutal que puede matar a casi cualquiera que se le ponga por delante. Digo casi porque nosotros podríamos neutralizarlo, pero son tantos que es imposible. Y por último, la lepra causa la parte psicológica, pues quien ve al infectado sufre un miedo atroz. Como habrá observado, su estado de descomposición es tal que parecen muertos vivientes.

—Entiendo, así el propio pueblo afectado se mataría a sí mismo sin necesidad de soldados. ¿Y lo puso en práctica sobre pacientes humanos? —preguntó Marola atónita.

—Algo así. Hace una semana fue descubierto y un contingente de la policía militar fue a apresarlo, pero ya había escapado. Por lo visto, hace unos días propagó el germen por varios poblados de leprosos y ahí comenzó todo. Ahora sólo…

Unos fuertes gritos y ráfagas de disparos les interrumpieron. El soldado cogió su arma y corrió al almacén donde había dejado a los otros soldados cargando armamento. Marola corrió tras él después de coger a la niña en brazos.

Fue tarde, los militares ya estaban muertos. Cuatro seres estaban masticando sus entrañas humeantes, uno de ellos aún convulsionaba. Un  sonido chisporroteante les hizo fijar su atención en un incendio que se había declarado al fondo del almacén.

El soldado cogió a la niña y empujó a la chica fuera del almacén. Cerró la puerta con una gruesa barra de hierro y salieron del recinto. Fuera todo había cambiado en la escasa media hora que llevaban dentro. La gruesa reja principal estaba destrozada en el suelo y cientos de seres caminaban ya dentro de las instalaciones.

—¡Dios mío! —exclamó Marola a la vez que el militar comenzaba a disparar sin siquiera pestañear. Anjali gritaba histérica, las dos temblaban de miedo.

—Atrás —dijo el soldado estirando el brazo para que retocedieran hacia el almacén—. Prefiero enfrentarme a cuatro de ellos y un fuego que ha esto. Seguro que dentro hay extintores.

Justo cuando terminaba la frase se derrumbo el techo que había tras ellos dejándolos acorralados. Las llamas lo habían arrasado todo en cuestión de minutos.

—¡Hay otro almacén en el edificio de enfrente! —dijo el soldado—. Intentaremos llegar.
Cómo si el.destino juagra con ellos una fuerte explosión sonó en ese otro almacén. Las llamas lo devoraron en apenas cinco segundos. Por la puerta lateral salió un hombre con una sucia bata blanca gritando. Llamaba la atención de los seres, y estos, en un éxtasis asesino, se lanzaron contra él para desmembrarlo a golpes y mordiscos.

—¿Qué coño ha sido eso? -preguntó el militar alucinado.
—Parecía algún pobre loco que… —comenzó a decir Marola cuando notó que una mano se posaba en su hombro—. ¡Aghh! —gritó de espanto girándose para ver al ser que iba a matarla—. Oh, Dios mío. ¡Joan! —dijo lanzandose a sus brazos—. ¡Estás bien! Te creía muerto.

…continuará…

 

Hasta aquí la segunda parte. Espero vuestros comentarios para saber si os ha gustado o si hay cosas que se deban mejorar.


Recomendación de la semana:

El refugio de los relatos de Blas Ruiz Grau, un escritor alicantino que destaca por sus thrillers. Este libro consta de dos relatos de misterio, Esos ojos y El piano, que estoy seguro no os dejarán indiferentes.

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Espero los disfrutéis y os anime a leer más obras de este artista.

Compartir este blog en vuestras redes sociales y seguirme para no perderos la tercera parte de esta terrible historia.

Hasta la próxima semana

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4 thoughts on “El voluntario (2a Parte)

  1. Bueno, todos sabemos que los que creemos muertos en una historia de zombis… están no muertos cuando vuelven para disgusto de sus amigos, familiares y amantes 😀 Ya veremos a ver si Joan es Joan o qué…
    Una anotación. Las escenas son frenéticas, bien diseñadas, pero precisamente por eso, me chirría más el párrafo explicativo del soldado en el que cuenta el origen del mogollón. Me resulta muy artificial, como puesto ahí por obligación, máxime cuando es un poco tocho… Por lo demás, seguimos a la espera 🙂

    Le gusta a 1 persona

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