La piel de los recuerdos – Reto #7 Literup [ELDE]

#7 Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierde la memoria cada día.

¡Buff! Qué sueño, por favor. Es como si mi cuerpo pesara dos toneladas y tengo la boca súper seca. ¡Uahhh! Tengo los brazos entumecidos y doloridos, es como si tuviera unas agujetas tremendas. ¿Hice ayer algún ejercicio o esfuerzo? Que raro, no… joder, no lo recuerdo.

Voy a ver si este puto dolor me permite sentarme en la cama. ¡Ahh! Uff. Conseguido. Que oscuridad. ¿Dónde está el interruptor de la luz? Supongo que sobre la mesita de noche. A ver… umm… aquí, bien. ¡Uy! ¿Dónde estoy?. No lo entiendo. No recuerdo donde estoy ni como llegué aquí. Que cosa más rara. Parece una habitación sencilla. Todo es blanco y no hay nada decorando paredes, mesa o estanterías. Es todo muy frío. Parece un hospital.

Voy al baño a mear y lavarme la cara a ver si me espabiló y averiguo algo.  Buff, que dolor de piernas, la madre del cordero.

¡Dios! ¿Qué coño… no… no puede ser. Ese del espejo no puedo ser yo. Imposible. Pero se mueve como yo, acompaña mis movimientos. Sin duda debo ser yo. ¿Qué narices me ha pasado?

Abriré la persiana mallorquina, con la luz que entra por sus rendijas no hay suficiente. Estaré viendo mal.

No. No veo mal. Ese espejo enorme me está reflejando a mí. Pero parezco por lo menos diez o quince años mayor. Tengo muchas entradas, parezco medio calvo, y en el poco pelo que me queda veo alguna cana. ¿Y esta barba? Ayer no tenía más que pelusilla en la cara y ahora me tapa casi la boca. No entiendo nada. Y mi… Dios… mi cuerpo… ¡Madre mía¡ Está demacrado. Estoy escuálido, se notan todos y cada uno de los huesos de mi cuerpo. Y estoy excesivamente pálido, como si hiciera años que no veo la luz solar. Parezco enfermo, o peor, muerto. No recuerdo porqué estoy así.

Si ese soy realmente yo y han pasado tantos años, no recuerdo nada de lo sucedido en mi vida todo este tiempo. ¿Será amnesia? ¿Alzheimer? No, supongo que no porque recuerdo a la perfección quién soy. Mi nombre, apellidos,  los nombres de mis padres, etcétera. Pero todo lo relativo a mi vida está negro, en un silencio abrumador.

¿Qué puedo hacer? Voy a lavarme la cara y pienso que hacer.

Es curioso, el baño, al igual que la habitación no tiene nada que lo decore, todo es blanco. Siento un profundo estremecimiento, todo esto es demasiado frío. Cada vez estoy más convencido de estar en un hospital. Voy a mirar por la habitación, por si encuentro algo que me oriente.

Nada, en este cajones solo hay calcetines blancos, todos doblados y colocados en orden milimétrico. En el otro… lo mismo, pero con calzoncillos. ¿Y este? Jodó, más de lo mismo. Que casa de locos. A ver el armario, que como no también es blanco.

¡Joder! Hay unos diez conjuntos, y son todos iguales. Vaqueros claros, camisa de color blanco roto y deportivas negras. Buff. Parece el vestidor de un pirado. Está situación se está poniendo cada vez más desconcertante.

¿Por qué coño no recuerdo nada? ¡Joder! Y ahora me hago daño con la puta cómoda. ¿Qué… qué diablos es ese papel amarillento ahí en la mesita? Parece un… una nota arrancada de una libreta. A ver… joder, que caligrafía más mala. Bueno, pero puedo leer todo sin problema, como si lo hubiera escrito yo. A ver que pone.

“No te asustes por no recordar nada y estar confundido. Tienes una enfermedad llamada amnesia anterógrada que hace que cada mañana te levantes sin recordar nada de lo que has hecho antes. No acumulas recuerdos nuevos, por eso todo te confunde. Todo vino a causa de un trauma grave que sufriste durante tu adolescencia.

Te preguntarás quién te escribe esto, siempre lo haces. Soy tú. Por favor, debes hacer lo que te digo. Pronto lo entenderás todo y podrás recordar todo.

Baja a la calle y compra el periódico Última Hora en el quiosco de enfrente de casa. El kiosquero se llama Quique. Coméntale la primera noticias que veas en algún periódico deportivo. 

Después, entra en el bar de la esquina. Saluda al dueño, se llama René y es francés. Pregúntale por su mujer y su hija, que están en su tierra por trabajo. Pídele un café con leche y una ensaimada. Cuando termines, despídete y vuelve a casa.

Vives en el tercer piso del n°4. Llévate la nota para saber volver.

Cuando estés de vuelta, y no antes, ves al salón.”

¿Sin memoria? Dios mío. ¿Estoy solo? ¿Vivo solo? Necesito saber algo. Haré lo que dice la nota, a ver si realmente me ayuda a saber qué pasa.

Mira que rellano más chulo, con plantas y todo. Debo vivir en un barrio bien.

¿Qué narices ha sido ese ruido? Parecía un gemido…¡Oh! Ahora un golpe o un arañazo, o algo así. Venía de mi casa, creo. ¡Shhh! Silencio, a ver si escucho algo.

No, nada. No oigo nada, sólo mi corazón latiendo a mil por hora. Que mal rollo, parecía que venía de mi casa… Ahora que lo pienso, no se si realmente estoy sólo en mi casa, ni siquiera sé si en realidad estoy en mi propia casa. Otra persona puede haber escrito esa nota y estar engañándome. ¿Pero con qué fin? No, me estoy volviendo paranoico. Debe ser verdad, puesto que es verdad que no recuerdo nada en absoluto.

¡Claro!, ya se me ha ocurrido. Debo bajar rápido al zaguán.

Buff. Que tranquilidad. Ahí está mi nombre en el buzón. Sí que es mi casa entonces, menos mal.

Todo  Esto resulta muy abstracto. Me siento como si fuera un sueño oscuro en el que me acechan sombras deseosas de mi sangre. La gente me saluda cariñosamente, como si me conocieran de toda la vida. Yo no sé porqué, pero respondo cortésmente, como si mi cuerpo siguiera un mecanismo de rutina, cosa que supongo que es así. Todos los días debo de hacer lo mismo y mi subconsciente lo reconoce y actúa como toca.

***

Bueno, ha sido un rato extraño, pero ya estoy de vuelta en la seguridad de casa. A pesar de no reconocerla, aquí me siento más tranquilo. No estoy muy contento, he hecho todo como ponía en la nota, pero no he aclarado nada, sigo sin recordar. Bueno, falta una cosa. Ir al salón.

Otra vez, todo es blanco y está ordenadísimo. En toda mi vida no había visto ningún sitio tan ordenado. Hay decenas de papeles señalizando y explicando las distintas cosas del salón. Parece una casa de catálogo o la casa de un enfermo con trastorno obsesivo convulsivo.

Bueno, por todo menos por esto. Esta caja de plástico no pega con el resto de la decoración. Todo tan blanco y limpio y aquí, en medio de la mesa, esta caja gris tan sucia. No, no está sucia. Más bien es vieja, está desgastada. ¿Qué habrá dentro?

Una bolsa de terciopelo de color verde oliva. Parece que dentro hay varias cosas. A ver…¿un cuaderno? Sí, eso es. Y esta lleno de una especie de lista con nombres, direcciones y apuntes sobre horarios y rutinas. Que raro. ¿Serán amigos que debo recordar? No. No se por qué, pero intuyo que no es eso.

Y lo otro que hay es…¡Ay! Se ha ido rodando y ha caído  al suelo. Ven aquí. Mira, es un… parece un pergamino enrollado. Qué tacto más desagradable, es a trozos viscoso y a trozos duro. Que raro. No sé de que material es, parece algún tipo de cuero amarillento con cachos marrones. Medirá más o menos veinticinco centímetros de ancho y cuarenta y de largo y tiene un olor ácido y fétido. A ver que hay dentro, voy a desenrollarlo con sumo cuidado. Tiene algo escrito en tinta negra. Es la misma caligrafía que el cuaderno y la nota, por lo que, supuestamente, lo escribí yo.

***

¡Madre del amor hermoso! No…no es posible. ¡Mierda! ¿Cómo cojones…no, no. Es todo mentira. ¡Dios! No es mentira. Eso sí lo puedo recordar. ¿Por qué no el resto? Seguro que si me mirara ahora mismo al espejo vería mis ojos como si fueran a escapárseme de las cuencas. La lengua me rasca el paladar buscando una saliva que ha desaparecido. Está más seca que nunca. Esto es horrible… O tal vez no.

¿Dónde está la cocina? Ummm. A ver. Aquí. ¿Y dónde… aquí hay cuchillos. No, este es muy pequeño. Esté mejor, jodidamente mejor.

Supongo que está en esa habitación, es la única a parte de la mía. Madre mía, me tiembla tanto las manos que no puedo ni girar el picaporte. Bien, menos mal que la puerta ha cedido sin poner objeción. ¡No!

Joder, no puede ser. La decisión que hace unos segundos nublaba mi mente, se ha convertido en pánico. ¡Me voy! No puede ser verdad,  Sí, sé que sí que lo es. El cuchillo sigue en mi mano. Estoy de nuevo a medio pasillo de la puerta, pero esta vez me cuesta muchísimo más volver a recorrer este trayecto, como si mi cuerpo me arrastrará para atrás por el miedo.

No puedo. Mira esa puerta entornada, detrás está la respuesta. Solo debo ir hasta ahí, mirar y decidir.

¡Hijo de puta! Está más que decidido.

¡Eh! Aquí no hay nadie, ni nada. Sólo ese maltrecho arcón. Menos mal que era todo una farsa, por un momento…¡coño! El arcón se ha movido. ¿Qué…

Aquí este el hombre metido. Llora como una magdalena. Claro que tiene miedo, como no tenerlo. ¡Hijo de perra! Ahora eres tú el que llora. Ven aquí, maldito mal nacido. No te retuerzas, no cas s ir s ningún lado. ¡Qué pares, cabrón! Mira. Mira bien esto, no te pierdas nada, porque será lo último que verás. Arrepiéntete mientras tengas tiempo. Toma hijo de una puta. Siente como mi cuchillo se clava poco a poco, centímetro a centímetro, en tus asquerosas tripas. Nota como traspasan tu estómago y como tu sangre se desliza por mi brazo y cae al suelo. ¿Lo oyes?

Quieto. Date la vuelta. No te muevas, esto durará poco. ¡Que te quedes quieto, miserable! ¿Ves? Sólo voy a arrancarte un poco de piel de la espalda con el cuchillo. Muy bien, aaasí, despacito. Muy bien, grita lo que necesites, me gusta oírte, me abre la mente, me acerca más a mis recuerdos.

Ahora estate ahí tumbadito encogido por el dolor y gimoteando mientras dejo tu piel sobre la mesa… bueno, gracias por no morirte mientras no miraba. Ahora ya soy todo tuyo. Estaré aquí sentado degustando cada segundo de tu agonía hasta que no te quede ni un ápice de tu miserable vida. Así, ya está casi. Cómo me embriaga esta sensación, que paz interior me está dando.

***

¡Oh, Dios! Aún me tiemblan las manos de la excitación. Esta experiencia hace que los recuerdos vuelven a mi mente como una cascada de aguas cristalinas. Todos y cada uno desde el gran trauma. Como si alguien hubiera dado a un interruptor aquí dentro. Cuanta pena, dolor y tristeza, pero a la vez alegría de poder recordar todo y saber que mi labor es digna.

Pero me turba, me entristece saber que este conocimiento de los sucesos de mi vida no perdurará por muchas horas. Ojalá pudiera hacer algo para evitarlo, pero me temo que no.

Tengo que darme prisa y tranquilizarme. Debo hacerlo todo antes de que llegue lo inevitable. Voy a cambiarme de ropa y a ponerme los guantes de látex.

***

Joder, como pesa este desgraciado. Menos mal que tengo la carretilla.

***

¡Ale! Quédate ahí en el maletero, bien quietecito.

***

¡Mira! El viejo parque acuático. ¡Que de recuerdos! Lo bien que lo pasaba aquí con mis padres y mis amigos cuando venía de crío a jugar. Llevo casi dos horas conduciendo, creo que este es buen sitio. Aparcaré en la parte trasera, lejos de la carretera principal y de posibles mirones.

Con cuidado, no vaya a hacerme daño ahora con lo que pesa éste. Para adentro. ¡Ahí! Quién me iba a decir cuando era pequeño que tiraría un cadáver en esta vieja piscina en la que muchos años atrás me metía con un enorme donut hinchado y dejaba que la corriente artificial me llevará. Ahora taparán este maldito cadáver estos cinco palmos de aguas negras llenas de basura que quedan. ¡Srupp! Un buen escupitajo es lo que dejó sobre tu tumba. No mereces más. Nos vemos en el infierno.

***

Madre mía, que sueño. Podría matarme, pero no puedo parar y dormirme sin llegar y hacer mi última tarea.  Es crucial. Sólo queda media hora.

***

Por fin he llegado. ¿Dónde esta la piel de ese mal nacido? Ah, sí, en la mesa. Y aquí está la pluma estilográfica de mi abuelo. Recuerdo que me la dio antes de morir y que el hombre me dijo que esa pluma le había acompañado en muchos momentos importantes de su vida y que esperaba que a mi también me acompañara. Bueno, al fin y al cabo creo que no se equivocó. Con ella terminaré mi tarea como hago siempre. Con ella escribiré en el trozo de piel seca de ese despreciable mis instrucciones para mañana, cuando ya no recuerde nada. Comienzo el escrito:

“Espero que hayas realizado lo que te he pedido en la nota de la habitación, es indispensable. Ahora te explicaré que significa todo esto.

En el cuaderno que encontrarás junto a este rollo, verás una lista que elaboraste durante mucho tiempo con cientos de pedófilos y violadores: nombres, direcciones y sus rutinas habituales.

Hace ya tiempo que la terminaste y pasaste al siguiente nivel. Basta con ver la cantidad de nombres tachados en la lista.

Has dividido el proceso en 3 etapas, dos días. La primera, la más dura, ocupa todo el primer día. Debes salir lo más pronto que puedas hacia la dirección que elijas de las apuntadas en la lista. Vigila al mal nacido elegido todo el tiempo que sea necesario, hasta encontrar el momento idóneo para capturarlo.

Una vez lo tengas, llévalo a casa y enciérralo en la habitación, no en la tuya, en la otra. Debes hacer todo esto antes de dormirte o se irá todo al traste.

Segundo, el día dos, el más sencillo: Mátalo. Y después arráncale a ese hijo de la grandísima puta la piel de la espalda. No dudes, tienes que hacerlo, recuerda a ese depravado hijo de la grandísima puta que destrozó tu vida cuando era un simple adolescente. Eso nunca podrás olvidarlo, solo eso. ¿Verdad que lo recuerdas? Sí, sé que sí. Sólo eso. Lo demás no importa, no existe.

Se que es cierto porque ya lo has pasado muchas veces, cada día desde hace años. Las imágenes están nítidas en tu mente, pero nada más. Solo esa sebosa cara mirándote con sonrisa de suficiencia, ese cuerpo grasiento rozándose contra ti y ese olor, ese nauseabundo olor entrando por cada poro de tu piel antes del desgarrador dolor. Nada más. Solo ese doloroso recuerdo de adolescencia y ese sentimiento de culpabilidad que te hacía estar callado hasta que no pudiste más y tu cerebro estalló olvidando todo, menos eso.

Pero esto te aliviará en parte ese dolor. Está claro que no es él a quién cazas y matas. No lo es porque él ya no está, por desgracia fue la justicia la que se lo llevó y no tú. Pero el destino te ha dado la oportunidad de vengarte a través de otros que, como él, hicieron un infierno de las vidas de otros pobres inocentes, ya sean adolescentes, niños, niñas o mujeres.

Tercero, el último y no menos importante. Conduce durante dos horas (ves variando la distancia para despistar a la policía. Por lo demás a este respecto estate tranquilo, tendrás cuartada para toda la mañana porque te vieron en el quiosco y el bar) y deshazte del cadáver del mal nacido en el sitio más escondido posible. Después vuelve lo más rápido posible a casa y limpia todo. Antes de dormir, tacha de la lista el nombre del que te hayas encargado y copia ,con las variaciones oportunas, este texto en el pedazo de piel que le hayas arrancado al maldito desgraciado que yace cadáver en algún mugriento agujero. Después mételo enrollado en la caja de madera y déjala sobre la mesa del salón.

Tienes 48 horas justas hasta que la piel se seque, se cuartee y ya no se pueda leer. Si no haces tu trabajo y eso sucede, estarás perdido. Averigua en que etapa estás. Solo debes entrar en la habitación y ver si la presa está cazada ya o si debes salir a por ella.

Te parecerá duro, pero sólo esto te puede hacer recordar, ya lo has probado todo y sólo esto sirvió. Te preguntarás por qué no escribirlo en papel y ya está. Pues porque hacerlo así es la única forma de que veas que es cierto, de remover el único recuerdo que te queda, y de asegurarte que hagas lo que hay que hacer para que se reinicie por un tiempo tu memoria. Sólo así seguirás con la tarea que da sentido a tu vida.”

Ya me puedo ir a dormir tranquilo y olvidarlo todo, al menos por unas horas.


Por fin otro reto de LiterUp
. Deseo que os haya gustado. Se me estaban resistiendo un poco los retos estos días. Me encasquillé en el sexto, que al ser más personal quería darle una buena historia, por eso lo dejaré para más adelante.

Ser valientes y dejarme vuestra opinión en los comentarios, recomendarme por vuestras redes sociales y seguirme para no perderos nada.

Miles de gracias sangrientas.

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6 thoughts on “La piel de los recuerdos – Reto #7 Literup [ELDE]

  1. Vaya, vaya, todo un Dexter con problemas de memoria, mezclado con Memento y agitado en una coctelera de pensamientos en primera persona con estilo directo y crudo, como nos tienes acostumbrados. Es interesante el desarrollo de la trama, manteniendo el suspense hasta que se aclara todo, haciendo que surja una sonrisa un tanto morbosa por los actos del protagonista 🙂
    Una cosa, la frase “Me dan escalofríos de estar a en un sitio am frío” necesita un repasillo. Se entiende, pero… 😉

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    1. Muchas gracias como siempre por tus comentarios, siempre animas a seguir intentandolo, aunque por ahora las visitas y comentarios no acompañan. Seguiremos luchando.
      Dexter la tengo entre las pendientes, aún no he visto nada, lo demás sí y me siento alagado.
      Lo reviso, dime si te gusta más así

      Le gusta a 1 persona

      1. Bueno, lo de las visitas y los comentarios… es lo que tiene la blogosfera. Lo importante es que tú te lo pases bien con lo que haces y, si tienes a algún seguidor asiduo, es suficiente para estar satisfecho 🙂
        Sí, así se entiende, pero… date cuenta de la rima cacofónica que produce “escalofríos-frío”. En prosa, lo mejor es intentar evitar ese tipo de cosas, que al leerlas producen un ritmo nada adecuado en la mente 😉

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      2. Los errores invisibles son muy, pero que muy comunes. Suelo revisar mis textos dos veces (tres en el caso de las obras más largas), y siempre quedan fallos que no había tenido en cuenta. De ahí la importancia de otros ojos que miren el texto 😉

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