La criatura abisal

Navegaba solo, a pesar de las advertencias de mi preocupada familia. Llevaba dos días de tranquila travesía cuando, bordeando las islas Hébridas de Escocia, arreció el sotavento y estalló una terrible tormenta. El foque y la mayor golpearon violentamente el mástil. Gigantescas olas escoraron el velero hasta casi hacerlo volcar. El océano, hambriento, deseaba engullirme.

Oí espeluznantes carcajadas a estribor.

«Es mi imaginación», pensé sobrecogido.

Me pareció ver una silueta asomada por la borda, pero la negrura de la noche no me dejaba ver más allá de mis temblorosas manos. Una nueva embestida azotó al velero haciendo irrumpir el agua, como una legión de sangrientos piratas en abordaje, a través de toda la embarcación. Intenté sujetarme al mástil con más fuerza, pero me caí, golpeándome las costillas contra la dura y a la vez escurridiza madera del velero, ahora abnegada por las furiosas aguas que, por doquier, casi inundaban la embarcación a la deriva.

«¡Auxilio!», grité horrorizado viendo acercarse mi final.

Escuché entonces una dulce melodía proveniente de la tormenta. El mar pareció darme la tregua necesaria para incorporarme y mirar de nuevo. Era imposible ver nada en la penetrante oscuridad, hasta que un  rayo estalló y la vi, sobre una gran roca, como un espejismo: larga melena rojiza, fino rostro y una preciosa cola escamada.

Me llamó a su lado con un gesto de la mano, mirándome con su intensa y hermosa mirada de ojos verdes esmeralda. Era como si la tormenta no la afectara en absoluto. Tenía mucho miedo debido a las aterradoras historias que había oído en mi juventud sobre estos seres mitológicos del mar, pero no tenía opción: o me dirigía hacía ella, donde parecía aguardarme una inexplicable seguridad en mitad de aquella escalofriante tormenta, o perecer ahogado en la bravura del cruel océano.

No tenía otra opción, y, además, era tan bella…

El mar rugió encolerizado una vez más. Sin pensarlo, me lancé a las aguas agitadas y brumosas, que ya me rodeaban a punto de darme su último abrazo mortal. Me zarandeaban sin descanso y, a pesar, de mis enormes esfuerzos por intentar nadar, me fue del todo imposible. Cada vez entraba menos aire y más agua en mis pulmones.

Ya al borde de la muerte por ahogamiento, una bella y fina mano femenina se sumergió a mi lado, me agarró y me sacó al exterior. Caí sobre la roca, intentando respirar y, cuando pude incorporarme, la miré para agradecérselo. Pataleé asustado, aterrorizado, al ver su rostro, ahora infernal, que me sonreía mostrando sus horribles y afilados colmillos.

Se abalanzó sobre mí sin darme tiempo a reaccionar y me mordió el cuello despiadadamente. Sentí como un liquido caliente, se deslizaba lentamente por mi garganta y por mi pecho. Noté entonces como aquella horrible bestia marina sorbía salvajemente toda mi sangre, toda mi vida. El dolor fue inenarrable. La muerte, un descanso.

Mi naturaleza humana está desapareciendo. Creo que estoy transformándome en una de esas demoníacas criaturas marinas que moran las profundidades abisales como ratas famélicas acechando a los náufragos y a los bañistas incautos para arrancarles de un zarpazo bestial su humanidad, su alma.

Diabólicos cantos de sirena fluyen por mis oídos como grotescas algarabías. Creo que el cambio es ya casi pleno. Apenas siento nada en mi interior, sólo mucha sed, una terrible sed. Todo desaparece a mi alrededor, el mundo es ya una sombra difusa.

Eh… ¿qué es eso?… parece… un barco a la deriva… sí, allí… pero ya no tengo fuerzas… tal vez ellos puedan ayudarme, después de todo… no… ya no necesito ayuda… sólo beber, tengo mucha sed…ese olor… oh… oh, Dios mío, ese olor me atrae… me embriaga….lo necesito… es… es la deliciosa sangre…

Aprovecho para informar de que he actualizado el texto con ayuda de Antonio Reverte Lucena de “Terror y Nada Más (TyNM)” para hacerlo más radiofónico, ya que van a realizar una de sus espectaculares y terroríficas dramatizaciones. Sólo puedo darles, mil y una veces, mi cálido y sangriento agradecimiento.


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4 thoughts on “La criatura abisal

  1. Sí, señor, muy bueno 🙂
    La narración en pasado que cambia al presente es un recurso muy bien empleado y medido en el texto, llevándonos sin enterarnos siquiera del horror como espectadores al horror como “sufridores”. El carácter (si me perdonas el palabro) neo-homérico con toques lovecraftianos (esos horrores marinos, ay, ay) y la ligazón con el mito del vampiro conforman un cóctel estupendo, en el que el último párrafo, el de la conversión del protagonista en una bestia torturada y consumida por sus nuevas necesidades, es desolador.
    Y la utilización de terminología marinera, escasa para no aturdir, pero suficiente como para dar color y hacer que el relato huela a sal, merece un aplauso.

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    1. Tengo que decir aquí que la idea del timo párrafo me la dio Antonio Reverte de Terror y nada más cuando se ofreció a dramatizado. El otro final era más suave, solo mostraba al perdonaje transformado en esa bestia buscando alimentos. La idea de enseñar la transformación me encantó. Si te gusta el teatro, que se que sí,pásate por su canal de Youtube.
      Saludos abisales!!

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      1. Cierto, me gusta el teatro 🙂
        Aunque he de confesar que no veo casi nada en Youtube… falta de tiempo, principalmente, y que soy más de leer (en Internet) que de ver/escuchar, pero miraré a ver. ¡Saludos del inframundo!

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